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Mostrando entradas de noviembre, 2021

Anillo

                                                                    A Paul Éluard (1895-1952)                                                               Subió por el cilíndrico conducto de una soda una burbuja redonda, rápida, como en benéfica abducción,  hacia la cima...¡Qué bella pintura gratuita, qué bello cuadro la ascensión! En oblicua recta están enfrentadas dos plantas; y si se las extrajese dos circulares porciones huérfanas quedarían en el jardín, por seres maravillosos, buenos habitado... Tenía que escribir sobre otra cosa... Pero de repente mi alma se puso a pensar: ¿qué correspondencia existe entre formas terrenales y las eternas ¡oh, de inmut...

Agua

                                                                  A los jóvenes ambientalistas. Que tu bendita existencia en el orbe, tan milagrosa acaso cual la vida, continúe mientras el hombre y todos los animales repten deseosos  buscándote debajo de las piedras, en las montañas, estanques y ríos, en "arroyuelos", y canales y pozos, para no morir de sed, ¡gran amiga! Tus componentes no son de aquí, vienen del cielo que te hace fluir libremente... Hay muchos humanos que te derrochan... si supiesen que a la samaritana Jesús le pidió un poco de ti, ¿tal vez volverían necios a derrocharte? Eres noble, puro y vital líquido; fluye, ¡sigue fluyendo entre nosotros por piedad!, ellos "ya tienen su paga..."; te necesitamos aquí, y a fe que te cuidaremos como sea, celosos. Ahora mismo debemos empezar... Cuando fluyes en la nat...

Juntos los dos, poesía

                                                                  A Alphonse de Lamartine      Nos iremos juntos los dos, al mismo  tiempo, cuando la signada hora llegue en el libro celestial que escribe Dios. ¡Juntos encarnamos en el mundo cruel! Cuando mi Ángel sea, a ti me abrazaré, con la forma de mi frío corazón,  inmaterial, libre, y etéreo por fin; recordando las azules mañanas  de mis idos inicios de poeta  en que natural fue mi pluma, tierna. Me iré contigo tras romperse el tiempo material, contingente que suputa  los movimientos del ser que en potencia * vive, siempre está; y ansía el Acto Inmóvil para romper de la existencia el sueño relapso, profundo, que no termina... ¡Cree, iremos a donde está Jesús! Aférrate a mí: mi musa, mi amante, fiel amiga, mi hermana dulce de luz, ...

Por mi Ángel guardián

  Cuando yo pienso lindas cosas, Jesús los alegres pájaros hace cantar por ensalmo, de repentina forma; y antes de que Eolo errabundo apague sus trinos, el cielo salgo a contemplar... Las nubes están rosas y naranjas,  flotan sobre una capa amarilla que pertenece al lienzo del horizonte puro... donde despierta la alborada: ¡Salud, arreboles, celajes!; mi alma de colores les desea un buen día; y con un mágico pincel que no es mío las alumbro, ¡criaturas hermanas! Cantad bellas criaturas, cantad. ¡Pienso lindas cosas por mi Ángel guardián!

Araña

                                                                           A Salvatore Quasimodo (1901-1968) Sobre la rectangular superficie de un elevado mueble que no tengo, una gigante araña se movía, como queriéndose arrojar al suelo. ¡Gordas patas...! Marrón era su cuerpo. Se movía arriba del mueble ignoto, nerviosa la gigante araña loca, que los cuatro costados recorría... ¿Y quién sabe por qué? Si yo era inocuo, no pensé hacerle daño, y ella me asustó con sus patas marrones y peludas, con sus desesperados deseos de saltar de allí que cada vez eran más ostensibles como su nerviosismo. Y gritando empecé a pedir ayuda cuando cayó en mí la gigante araña  marrón. Cuando la vi no era gigante y no era una; ¡oh, su número transmutó...! Ella se fue... y aparecieron arañas chiquitas. Fuera del sueñ...

No me influyas, luna

                                                                   A Salvatore Quasimodo  (1901-1968)        Aléjate de mí, no me interesas;       y no seducen mis ojos tus rayos  como cuando no hace mucho erraba entre las sombras que lúgubres hacías; ¡y todos los días miro el sol santo!              ¿No sabes que mi ideal ha cambiado? Perdón; pero tuve que sepultarte bien, olvidarte y dejarte de mirar... Poeta que sigue el Apolíneo ideal, puede obtener luz de verdad que disipa las sombras que en las noches alumbras tú sombríamente, luna creando fantasías, confusiones. Y no me influyas, luna delusiva. ¡El sol santo miro todos los días!

Palomas

                                                                            A los jóvenes ambientalistas Intuyen las palomas que las quiero, y que sus alas jamás tocaría. Confirmo yo que ellas me quieren también. Mentir no me dejen, ¡mis amiguitas!, decid al mundo: Oh, su cariño es cierto. Y oigo en mi corazón vuestros arrullos mansos de paz que cantan. Más libres que los hombres somos que no pueden volar; y dejan en plazas, calles desechos... conscientes, también. ¿Por qué las espantáis? Adornan descoloridos cordones con sus plumas que se abren en colores; y sus graciosísimas patitas en las humanas lavazas chapotean, dan saltitos picoteando, tiernas, sucias cosas que tú arrojaste, humano. ¿Qué dolor dan las palomas? Y si su zureo no te gusta, eres libre... ¿o no? Pues, aprende a volar, ¡márchate de ...

A un hombre del carro....

                                                                           A Ricardo Compañero te llamo con tímida voz que alzar no me animo por timidez... Miro tu trabajosa tarea de  empujar, viejo, tu carro cargado  con cartones y bolsas de arpillera, que la lluvia desbaratar podría en cualquier momento; y arruinar tu labor que sufres en tus pies, en tu osamenta que no es joven, y es descarte del mundo perverso según el sistema infernal... ¿Y por qué se hartan de oro los corruptos réprobos que nos matan de hambre y de sed? ¿Entonces...? A casa regresarías angustiado, sin pan para compartir; y ante los tuyos que dependen de ti y de tu inseguro trabajo, sólo tus ojos tristes en la mesa pondrías... No acude a ti la indiferente calle por la que arrastras tu carro harto pobre... ¡Por ti en mi ...

Ya caerás, Control Total...

  ¡Ya caerás, Control Total, infernal! Los Ángeles del Altísimo vendrán por ti; y a inferiores mundos, de los pelos serás conducido, donde las almas encarnadas viven como animales sin conciencia de Dios, sin noción del bien, sin conocer que existe la justicia;  en cuatro patas en sus inmundicias... Y tal orbe, a Kardec * los elevados  espíritus le revelaron de luz. No es mi idea; y ¡prepárate bien, tú, para recibir el castigo justo! Y te llevarán aunque te resistas,  arrastrado en la obscuridad, lamentos... Arrodíllate, arrepiéntete y pide perdón, sí, por tus malvadas conquistas que en esclavitud nos mantienen sin paz desde hace muchos obscuros milenios. Existen el karma y el duro bumerán que rechazaste. ¿Ves? Empieza a sufrir; porque el control te es próximo, y llega a ti, y te vuelve, Control Total del báratro. Hieres a las almas de Dios; y cuando Jesús redentor venga te expulsará. * Allan Kardec (1804-1869)

Cajón

Sólo mis manos, torpes y bohemias, ordenar tu interior podrían... harto tumultuoso, sin tino aparente, sin continuidad en el hilo ordinario de tus disímiles cosas, ya roto, que buscan el orden que yo no puedo darte, tal vez. ¡Como tú, soy materia! desordenada a veces en el cieno... de la noche; y busco quien me redima de mi triste corporeidad revuelta.... entre exteriores objetos que pierden mi alma se mimetiza en tus maderas quíntuples y rectangulares; fueron vírgenes, fragantes y estaban limpias. ¡Oh, yo te desordené, compañero!,  bajo el influjo de Caos y de Nix. Otras manos te matarían para  poner orden en ti, ¿sabes? No tienes conciencia, cajón, de tu substancia; yo sí, y espero de mi Jesús la salvación.

El terrible y rico perfume...

                                                                          A Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) No existe el objeto que no recuerde, (como una endecha silenciosa, ¡ah, cuando sin querer, quizás, a él nos acercamos!), a un ser muy querido que lo abandonó para siempre y ya no está entre nosotros. Y cualquier cosa abandonada, quieta en su mutismo de la hora que no volvió; o que visible se presentó a los ojos con sus cascadas de imágenes idas, de sensaciones raras elegías; ¡ay, nos recuerda a esa persona que fue su dueña y que ya no está entre nosotros! ¡Qué terrible y rico, al mismo tiempo es el perfume!; pues las ropas impregna del cuerpo dejó de existir, y perfuma, ¡ay, la cosa aun después de la partida....! Y queda en la triste habitación de la persona que ya no está entre nosotros...

El canto de un ave

                                                                         A Tony Bennett            Desde la ignota y muda lejanía, llega el canto de un ave que no duerme, flotando en las ondas de luz huidizas... Quieto Eolo, ya en su lecho, lo escucha con su aliento que sueña; y no exhala más, oculto en las ramas, ¡cantar y cantar!, con alas cubiertas por el rocío, en el aŕbol amigo, ¡oh, ama su música! Yo también la amo; pero dime, si es tu deseo, ¿a quién le diriges tu canto...? ¿Cuál es su nombre? ¿Qué dirá su canción? cuando descansan los seres humanos, cuando la tierra huele los aromas de naturales melodías, él canta... Debo terminar mi poesía; ¡oh, ave, y tus cantares me acercan la alborada!

A los poetas

                                                           A Alfred Tennyson (1809-1892)             Ha madurado mi inteligencia; mas el profundo sentimiento de escribir como ustedes escribían, antaño, ¡oh, elegidos vates del verde prado…! late y vive joven lejos de extinguir su tan misterioso impulso natural; cuando la noche propicia el material, y una musa dice: no podrás dormir... Cual verde fruta pesa en mi turbado ser su sombra que no es sombra, sino es luz amigable. Y aunque sabe que imitación poética es camino equivocado, cual caprichoso chiquillo que a llorar inicia, repite: ¡Ah, grandes poetas…! Nos conocimos en mi adolescencia, fue subyugada por sus poesías; conquistó amigos transmitieron fuego por la poesía que no se extingue. ¡Oh, aceptadme como yo los acepto en vuestros etéreos corazones! Don...