A los poetas
A Alfred Tennyson (1809-1892)
Ha madurado mi inteligencia; mas
el profundo sentimiento de escribir
como ustedes escribían, antaño,
¡oh, elegidos vates del verde prado…!
late y vive joven lejos de extinguir
su tan misterioso impulso natural;
cuando la noche propicia el material,
y una musa dice: no podrás dormir...
Cual verde fruta pesa en mi turbado
ser su sombra que no es sombra, sino es luz
amigable. Y aunque sabe que imitación
poética es camino equivocado,
cual caprichoso chiquillo que a llorar
inicia, repite: ¡Ah, grandes poetas…!
Nos conocimos en mi adolescencia,
fue subyugada por sus poesías;
conquistó amigos transmitieron fuego
por la poesía que no se extingue.
¡Oh, aceptadme como yo los acepto
en vuestros etéreos corazones!
Donde la luz en elevados orbes
es mayor y alumbra mejor que aquí, do
la melodiosa música tranquila
las moradas pacíficas recorre,
¿el silente vínculo poético
no continuará allí y será audible...?
Olvidemos los flébiles momentos.
¡No habrá luctuosa elegía que escribir,
nuestra antorcha la venció y no la quiere!
Más bien permitan que los versos sean
jubilosos rayos de sol. ¿Y tiene
proficuo sentido el pasado llorar?
¿Creen que hablaremos de poesía, y
sólo la poesía nos unirá
alrededor de un tan ideal lago
en amistosa tarde sin cansancio...?
¿O qué otras cosas diremos, los rostros
a esas esferas de cielo elevando,
cuyos colores todo poeta ver
ansía? ¡Nunca yo los olvidaré!
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