Ay, sus alas...

 


Ojos míos, ¿lloraréis; o no, apenados,

por este, di, segundo pájaro muerto

que a morir ha venido a mi casa volando?

Vuestras aguas mantened en vuestras cuencas;

retenedlas; en mi semblante no quiero


ay, sufrir acuoso dolor derramado.

¡Ay, sus alas, ser volador en los vientos,

el mundo adornan e inspiran con su belleza...!

Cumplió su misión; por eso evitad llorar;

aunque su inerte débil cuerpo visto hayáis,


ah, flotar en el agua sin compañía,

alumbrado por el sol, cerca de plantas

amorosas del jardín lo vieron caer,

a fe mía, y tan pronto su huesa adornaron.

¡Oh, sufrir por pájaros no quiere mi alma!


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