Cajón



Sólo mis manos, torpes y bohemias,

ordenar tu interior podrían... harto

tumultuoso, sin tino aparente, sin

continuidad en el hilo ordinario


de tus disímiles cosas, ya roto,

que buscan el orden que yo no puedo

darte, tal vez. ¡Como tú, soy materia!

desordenada a veces en el cieno...


de la noche; y busco quien me redima

de mi triste corporeidad revuelta....

entre exteriores objetos que pierden

mi alma se mimetiza en tus maderas


quíntuples y rectangulares; fueron

vírgenes, fragantes y estaban limpias.

¡Oh, yo te desordené, compañero!, 

bajo el influjo de Caos y de Nix.


Otras manos te matarían para 

poner orden en ti, ¿sabes? No tienes

conciencia, cajón, de tu substancia; yo

sí, y espero de mi Jesús la salvación.

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