A un hombre del carro....
A Ricardo
Compañero te llamo con tímida
voz que alzar no me animo por timidez...
Miro tu trabajosa tarea de
empujar, viejo, tu carro cargado
con cartones y bolsas de arpillera,
que la lluvia desbaratar podría
en cualquier momento; y arruinar tu labor
que sufres en tus pies, en tu osamenta
que no es joven, y es descarte del mundo
perverso según el sistema infernal...
¿Y por qué se hartan de oro los corruptos
réprobos que nos matan de hambre y de sed?
¿Entonces...? A casa regresarías
angustiado, sin pan para compartir;
y ante los tuyos que dependen de ti y
de tu inseguro trabajo, sólo tus
ojos tristes en la mesa pondrías...
No acude a ti la indiferente calle
por la que arrastras tu carro harto pobre...
¡Por ti en mi ánima una angustia se abre!
Oh, cuando retorno de hacer las compras,
las copas de los aŕboles se agitan
al paso del obrero callejero
con su carro... ¡Pido a Dios te bendiga!
Comentarios
Publicar un comentario