Palomas
A los jóvenes ambientalistas
Intuyen las palomas que las quiero,
y que sus alas jamás tocaría.
Confirmo yo que ellas me quieren también.
Mentir no me dejen, ¡mis amiguitas!,
decid al mundo: Oh, su cariño es cierto.
Y oigo en mi corazón vuestros arrullos
mansos de paz que cantan. Más libres que
los hombres somos que no pueden volar;
y dejan en plazas, calles desechos...
conscientes, también. ¿Por qué las espantáis?
Adornan descoloridos cordones
con sus plumas que se abren en colores;
y sus graciosísimas patitas en
las humanas lavazas chapotean,
dan saltitos picoteando, tiernas,
sucias cosas que tú arrojaste, humano.
¿Qué dolor dan las palomas? Y si su
zureo no te gusta, eres libre... ¿o no?
Pues, aprende a volar, ¡márchate de allí!, y
déjalas tranquilas. ¿Por qué el rechazo...?
Intuyen las palomas que las quiero,
y que sus alas jamás tocaría;
porque cuando paso cerca de ellas, no
se asustan, ni se mueven, presintiendo
que en mis manos, ¡oh, encontrarán un nido…!
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