Juntos los dos, poesía
A Alphonse de Lamartine
Nos iremos juntos los dos, al mismo
tiempo, cuando la signada hora llegue
en el libro celestial que escribe Dios.
¡Juntos encarnamos en el mundo cruel!
Cuando mi Ángel sea, a ti me abrazaré,
con la forma de mi frío corazón,
inmaterial, libre, y etéreo por fin;
recordando las azules mañanas
de mis idos inicios de poeta
en que natural fue mi pluma, tierna.
Me iré contigo tras romperse el tiempo
material, contingente que suputa
los movimientos del ser que en potencia *
vive, siempre está; y ansía el Acto Inmóvil
para romper de la existencia el sueño
relapso, profundo, que no termina...
¡Cree, iremos a donde está Jesús!
Aférrate a mí: mi musa, mi amante,
fiel amiga, mi hermana dulce de luz,
¡perdona!, antaño sé que te relegué...
Salvaje, y sin métrica yo escribía...
¡Oh, cielos, calla tus rapapolvos!, ¿sí?,
yo era adolescente, y las salmodias, oh,
santas no habían nacido para mí,
¡tú sabes...! el hombre invencible se
cree cuando sus huesos son jóvenes.
¿Poesía, no es cierto que tal error
cometí, bisoño y sin lecturas, yo?
Numen amigo, ¿qué tal si nos vamos...?
Aquí tú no cabes y yo tampoco.
Nos iremos juntos los dos, tú y yo, mi
poesía, y los círculos bruñidos
nos verán durante la actualidad que
dictamine el justo Altísimo Padre;
nos veremos forma a forma las faces...
Hay que largarse; mas no por la angustia
existencial de Kierkegaard, ajena a
mí; pues creo en el Señor la aniquila.
No hay en su actividad relance, Él es fijo.
¿Entiendes por qué tú y yo, poesía...?
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