El canto de un ave

                                                                         A Tony Bennett

          

Desde la ignota y muda lejanía,

llega el canto de un ave que no duerme,

flotando en las ondas de luz huidizas...

Quieto Eolo, ya en su lecho, lo escucha


con su aliento que sueña; y no exhala más,

oculto en las ramas, ¡cantar y cantar!,

con alas cubiertas por el rocío, en

el aŕbol amigo, ¡oh, ama su música!


Yo también la amo; pero dime, si es tu

deseo, ¿a quién le diriges tu canto...?

¿Cuál es su nombre? ¿Qué dirá su canción?

cuando descansan los seres humanos,


cuando la tierra huele los aromas de

naturales melodías, él canta...

Debo terminar mi poesía; ¡oh, ave, y

tus cantares me acercan la alborada!


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