El terrible y rico perfume...
A Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882)
No existe el objeto que no recuerde,
(como una endecha silenciosa, ¡ah, cuando
sin querer, quizás, a él nos acercamos!),
a un ser muy querido que lo abandonó
para siempre y ya no está entre nosotros.
Y cualquier cosa abandonada, quieta en
su mutismo de la hora que no volvió; o
que visible se presentó a los ojos
con sus cascadas de imágenes idas,
de sensaciones raras elegías;
¡ay, nos recuerda a esa persona que fue
su dueña y que ya no está entre nosotros!
¡Qué terrible y rico, al mismo tiempo es el
perfume!; pues las ropas impregna del
cuerpo dejó de existir, y perfuma, ¡ay,
la cosa aun después de la partida....!
Y queda en la triste habitación de la
persona que ya no está entre nosotros.
¿A ti te entristece esto tal vez pensar?
No era sólo cuerpo, ¡y su alma perfuma...!
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