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Mostrando entradas de junio, 2022

El jardinero y la flor

                                                       Ay, flor hermosa, tu súbito enojo reciente, inexplicablemente invadió tus pétalos que un tiempo fueron míos, cuando era continuado su aroma, y yo te olía entre mis dedos, y mis ojos perfumados estaban cerca de ti; me sonreías mucho bajo el brillo del Sol, y cantabas con asiduidad... Comprendes esta analogía; y quizás sugerida fue por ti, esa vez que te enojaste y dijiste: El jardinero ¡ay, me hirió y yo le enseñé mis espinas! Mis deseos eran cortar distancias... olerte a distintas horas del día en mis manos bajo la luz del sol. Di, ¿hice tanto mal en pretender eso? En el jardín de los deseos tú y yo estaremos juntos de forma ideal. Que así sea mientras su rostro ría, y flor y jardinero se lleven bien, se amen en el jardín de los deseos... gozando ternura de aquellos días. ¡Ay, dime! ¿por qué ofe...

Naturalistae

Sabed que la roca que nada siente, recibe el influjo del Señor para persistir en su ser cual toda cosa que con alma o sin ella fue creada, y que sin Él desaparecería. ¿Creéis realmente que no se mueve? ¿Quién dice que su existencia está al azar? ¡Materialista mundo, comprende esto! No es sensitiva; tiene un movimiento interno producido por el Señor que es su existir; aunque tú la ves queda erróneamente por ser material. Más allá de la Materia no ahondas. Tus ojos están obscurecidos; no quieren ir a la esencia de las cosas y en la utilidad material se quedan.  

Pluma

                                                                                     "Subsistere est perpetuo existere".   En verde suelo descansando estaba, sobre una alfombra sutil de semillas de eucaliptos frescos, y de cortezas partidas de árboles aromáticos, una pluma de un ave delicada... Las hojas caídas formaban su huesa. Hacía calor; celeste lucía el Firmamento con la fragancia de luz; entonces mi romanticismo me habló: Ponte a recoger, oh, jirones de alas inmarcesibles, ya que el viento se fue. Hallarás muchas; ¡mas una te espera...! ¿Quién me dirá de qué ave se desprendió...? ¿Estaría cantando el ave cuando su pluma en su cuerpo no quiso estar más? He comprendido bien tu inmortalidad teniéndote en mis manos que te cantan. Ven a mi morada, tómala y vuela…

No lloren tus latidos...

  ¿Crees, corazón, que podrás soportar ahora otro desprecio reiterado? De mi pecho salid, volad buscando a quien te valore, acaricie y quiera; ¿o de hinojos quieres permanecer a toda hora sin saber si te amará...? Has sufrido bastante, sí, y quisiste mucho. ¿Tal vez ansía irse de tu senda...? No lloren tus latidos si ella insiste en no amarte; sesga el rumbo de tu amor...

Un ave y una flor

  En cierta región desconocida por los humanos seres, a donde nunca llegan mortales ojos, protegida, un ave de blanco color, oportuna, ah, crece conforme baja a la tierra... ¡Con qué lindo modo bate sus alas! ¡Ay, qué paz irradia su faz serena! Y sonríe por su trabajo de luz bueno; y esparcen sus plumas rico aroma. Hay calor en su vista bondadosa. Te ayudaré débil hermana, dice; el Otoño se irá; e Invierno no llega en tanto mi amor esté aquí y te cubra con sus bondades que vienen del Cielo. Los abrojos te han abandonado, ¡flor delicada, no ansío que estés mustia! Te daré calor; ¡ay, tus delicados pétalos no sentirán frío!, ¿sabes? No dirás: Mi tallo sufre y tirita, feneceré en la húmeda hierba fría. Con candor he detenido mi vuelo a fin de que tú sigas aromando... Después posó sus esplendentes alas sobre la flor que no sintió más frío.

El árbol que vemos contigo

                                                                               El árbol que vemos contigo cuando estás aquí, mientras nos amamos, tiene su correspondencia en el Cielo. ¿Es posible que no lo agite el viento?, nos dijimos tantas veces con amor. ¿Comprenderá tu alma que existen Formas Puras en cuyo centro está Belleza de las cuales derivan las cosas mudables, ay que tus preciosos ojos ven como ese árbol que contemplas junto a mí? Pero ese árbol que nosotros miramos, y tu mirada ausculta compitiendo con la tranquila luz de las estrellas, es inmutable, inmaterial y fijo, y es la Vida y Bondad, no está en este orbe. ¡Nuestro amor es también correspondencia!

¡Ay, caminaremos tomados de la mano!

                                                                        ¡Ay, caminaremos tomados de la mano!, y el rosicler de la alborada en tus ojos se fundirá tranquilamente. Gozaremos la vida retirada aquí, acullá, en donde a ti más te guste... Id por el cielo, tranquilas aves, que recién os despertáis alegremente; canoros cantos llegan a la playa... Desde vuestro vuelo mirad nuestro amor; y decid con nosotros que nada nos preocupe mientras mirando el mar, oh, caminamos por mansos caminos, y el sonido de olas quedas nos cortejan, el aire nos recibe; y yo leeré en tus ojos que me amas. Caminaremos tomados de la mano...¡Eres mi novia!

Te veré hermosa

                                                             ¡Mañana serás como una ninfa! en un valle enamorado, lleno de flores perfumadas y alegres, entre frondas de mágicos colores rebosantes, de buenas melodías, ay, fragantes... Aparecerás luciendo guirnalda exquisita sobre tu frente con sol, bajo los árboles; ¡te veré hermosa! Me figuraré oír la cadencia de una cascada envolver, ay, tu rostro, con meliflua brisa tocar tus ojos; ¡y el canto feliz de las aves mansas alegrará otra vez, ay, nuestro encuentro! Una mariposa y una flor el sitio sonriendo buscarán para mirarnos. ¿Oh, no creéis que ella está enamorada? ¿Qué criatura no querrá ver tu pelo?, ¿y cuáles plantas no ansiarán su color cuando a la luz del día yo te vea en el parque con tus sutiles trenzas, y digan tus ojos: Te necesito? Mañana serás como una ninfa; y yo creeré j...

Hoja

  Te escucho arrastrarte arremolinada; el viento sin duda te trajo hasta aquí. Ay, encenderé la luz para mirarte; aunque sé que eres una hoja (y estás seca) que afortunadamente has venido a mí. Vislumbro la señal de nuestro encuentro... oh, mi amargura acaso has comprendido; y por tal razón, honras tú mi puerta. ¡Me anuncias una mejor alborada!, porque vienes volando desde el cielo.

Paloma -2-

            ¿Vendrás a mí como todas las tardes con plácido vuelo cuando esté triste? ¿Saldrás a mi paso para alegrarme? No se conturbe tu faz; ni tensen, ay, tus alas si mi corazón declara: Me cansé de caminar siempre solo... Si eso ocurre, hacia el Sol vuela en tu viaje; mas retorna, aún no concluyó el día. Tanto tú y yo dejamos en un escajo humilde nuestra mies, ¡oh despreciada!, en un mundo que ignora qué es un mito, y subvierte la verdad conduce al Cielo. ¿Qué opinas tú, paloma? ¡Libre vuela...! y te pido no contraigas la aflicción de mi pecho que se quiere detener cuando las sendas son tan fatigadas... Errabundo es el amor en este orbe... Ora te quieren... ora te desprecian. Nuestra edáfica semilla con esprint y brío que sembramos, y a espuertas, juntos, sobre algunas almas vertimos, ¿será perdurable? Mis versos no están a tu altura; y no pueden ver el confín... ¿Cuando yo esté triste volarás a mí..?

El epímone que por el aire va...

  ¿Oís mi epímone en la niebla de la noche, y en las húmedas ondas del viento?, ¿oh, notáis sus desmayadas cadencias, insabibles, que en la albura del día ah, tantas veces fueron derramadas aun si saber si encontrarían eco... corazones afligidos como yo? No me hagáis caso, ¡más bien desoídlo! Compartir yo sólo quería mi honda incertidumbre que es muy recurrente... Las horas en que no estás conmigo se vuelven yacijas en espacio y tiempo... ¿Cuándo me dirás, mujer: Te amo, mi amor? ¿Puede mi corazón que te ama sufrir, ay, otra incertidumbre más, y padecer el epímone que por el aire va...?

Paloma

                                                                                             A William Strode (1602-1645) Salta, pica, corre vuela, paloma... Ensalza el día con tus bellas notas, ¡ay, que pocos corazones escuchan! Ignora a los que no te miran nunca; ellos le explicarán al Señor por qué ignoraron tus alas con las cuales puedes al cielo llegar sin esfuerzo, y sobrevolar el ponto cualquier tarde... ¡Bate tus serenas plumas!, y di, si quieres, yo ensalzo el día; y deberíais vosotros cuidarme; pues soy símbolo de la paz que falta y del Espíritu. Mientras me tomo un tiempo de descanso te miro saltar, picar, correr volar; tus aleteos me causan sonrisa y júbilo; aunque este día está nublado. ¡A ti irán cuando el Ideal retorne...! cuando las almas y...

En un calvero una flor había

                                                                            A Sir Henry Wotton (1568-1639)                                                  En un calvero una flor había que se preguntaba por qué ese poeta estaba solo, musitando versos de amor lóbregos, tristes elegías; o simulando estar en un lay ideal, ¡oh sueño, con su amada en las praderas...! Y el vate sin salir de su esfera de ensoñación advirtió que allí había una flor, en el mismo erial en el que él meditaba mirando las raíces de algunos árboles que se asomaban entre el brillo de las hojas naranjas... ¿Qué haces tú, aquí, tan sola y abandonada? ¿Dónde están las aves que de buen grado te cantarían? ¿Acaso ...

Tañed por mí una canción perfumada

  Dime, Véspero, ¿qué experimentaron tus ojos al ver la cima del atlas? Di, tú, oh Deucalión, ¿me prestarás tu arca redentora? No quiero ahogarme, ay no, en la tormenta como Leandro que iba tras su amada Hero nadando...¿Las estrellas cómo se ven desde la cumbre con luz que no llega a estas lóbregas regiones? ¿Oís quejarme, seres animados de los árboles? ¿Vuestros oídos ay, pueden oír mis quejidos de amor cuando Nox cubre con su manto el mundo, y a muchas almas Morfeo adormece? ¡Tañed por mí una canción perfumada con hojas llenas de rocío!, sabré que mi endecha reciente fue escuchada. ¡Pulsad la lira de Alfión en el Éter llorosa por mi pena!; recibidme con suaves susurros y dadme holguras... No me equivocaría si dijese que desde los árboles me escucháis, sí. Cuando estoy solo me siento más cerca de Véspero, y ansío liviano volar. ¿Me acompañaréis en esta amargura?

Ten tus malos pensamientos, ¡vete!

  Te diré que te vayas, que te ausentes Melancolía. ¿Ah, no podrás ir a otro sitio a verter tu negra sustancia? ¡Ea!, ten tu clámide de niebla, y silente, haz el favor, desaparece de mi vista. Mi ángel guardián viene en socorro mío; y no instilarás en mi corazón flébiles estados; serás silencio. ¿Acaso mi pecho en umbría noche exclamó: Oh, tú, Elemental, que el alma ensombreces, otórgame inspiración? Soy luz, ¿crees que te desearía? Por fortuna jamás miré tu cara; por ensalmo tu ponzoña no me dañó. Puedes irte a tus obscuras regiones... Ten tus malos pensamientos,¡vete!