El jardinero y la flor

                                                      


Ay, flor hermosa, tu súbito enojo

reciente, inexplicablemente invadió

tus pétalos que un tiempo fueron míos,

cuando era continuado su aroma, y yo

te olía entre mis dedos, y mis ojos

perfumados estaban cerca de ti;

me sonreías mucho bajo el brillo

del Sol, y cantabas con asiduidad...


Comprendes esta analogía; y quizás

sugerida fue por ti, esa vez que te

enojaste y dijiste: El jardinero

¡ay, me hirió y yo le enseñé mis espinas!

Mis deseos eran cortar distancias...

olerte a distintas horas del día

en mis manos bajo la luz del sol.

Di, ¿hice tanto mal en pretender eso?


En el jardín de los deseos tú y yo

estaremos juntos de forma ideal.

Que así sea mientras su rostro ría,

y flor y jardinero se lleven bien,

se amen en el jardín de los deseos...

gozando ternura de aquellos días.

¡Ay, dime! ¿por qué ofendí tus pétalos?

¡Ay, tú me has perdonado, y estoy tranquilo!

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