Tañed por mí una canción perfumada

 


Dime, Véspero, ¿qué experimentaron

tus ojos al ver la cima del atlas?

Di, tú, oh Deucalión, ¿me prestarás tu arca

redentora? No quiero ahogarme, ay no, en la

tormenta como Leandro que iba tras

su amada Hero nadando...¿Las estrellas

cómo se ven desde la cumbre con luz

que no llega a estas lóbregas regiones?


¿Oís quejarme, seres animados

de los árboles? ¿Vuestros oídos

ay, pueden oír mis quejidos de amor

cuando Nox cubre con su manto el mundo, y

a muchas almas Morfeo adormece?

¡Tañed por mí una canción perfumada

con hojas llenas de rocío!, sabré

que mi endecha reciente fue escuchada.


¡Pulsad la lira de Alfión en el Éter

llorosa por mi pena!; recibidme

con suaves susurros y dadme holguras...

No me equivocaría si dijese

que desde los árboles me escucháis, sí.

Cuando estoy solo me siento más cerca

de Véspero, y ansío liviano volar.

¿Me acompañaréis en esta amargura?

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