Un ave y una flor
En cierta región desconocida por
los humanos seres, a donde nunca
llegan mortales ojos, protegida, un
ave de blanco color, oportuna,
ah, crece conforme baja a la tierra...
¡Con qué lindo modo bate sus alas!
¡Ay, qué paz irradia su faz serena!
Y sonríe por su trabajo de luz
bueno; y esparcen sus plumas rico aroma.
Hay calor en su vista bondadosa.
Te ayudaré débil hermana, dice;
el Otoño se irá; e Invierno no llega
en tanto mi amor esté aquí y te cubra
con sus bondades que vienen del Cielo.
Los abrojos te han abandonado, ¡flor
delicada, no ansío que estés mustia!
Te daré calor; ¡ay, tus delicados
pétalos no sentirán frío!, ¿sabes?
No dirás: Mi tallo sufre y tirita,
feneceré en la húmeda hierba fría.
Con candor he detenido mi vuelo
a fin de que tú sigas aromando...
Después posó sus esplendentes alas
sobre la flor que no sintió más frío.
Comentarios
Publicar un comentario