Entradas

Mostrando entradas de agosto, 2021

Obertura de Romeo y Julieta

                                                                                              A dos Carolinas !Oh, la Obertura de Romeo y Julieta!, suena una vez más como rimando un presagio feliz…sí, después de tanto tiempo, esta tarde de domingo ahora que los colores del cielo han perdido fulgor, languidecido, y retírase a dormir el sol. Se eleva mi alma y goza más que a los diecisiete años. ¿Recuerdas que yo solía escucharte en mi cama recostado, inmóvil, abstraído en el cielo raso...? Recuérdame si te conocí antes que la tragedia homónima de Shakespeare singular.  Ah, qué importa, no repararé en menudencias temporales en estos instantes en que volviste a mí, ¡hija de Tchaikovsky, amante de las flores!, cual novia a despedirse con tiernos adagios. ...

Mil diversiones con el sol

El recebo explotado por las ciudades es propiedad de la naturaleza, y vosotros, ufanos, lo malrotáis haciendo hórridos caminos; ¿Sabéis qué es la estética y embellecer?, ¿podéis implementarla sin vueltas? Blefartitis en mis ojos causame el languor del paisaje de cemento. Corimbos, en vuestros blancos pedúnculos dehiscentes, contentas mariposas saledizas quieren inundar mis ojos con su resplandor. El sauce solitario e impertérrito se inclina hacia las cristalinas aguas: ¡Dame de tu impecable humedad una gota de tu beso, lago cristalino! Distinguidos ruscos, alguna vez os habré visto entre hojas naranjas y secas, bajo los alambrados inocuos y de púas en los terrenos baldíos, cuando recogíamos inertes ramas para después forjar juguetes; y la arena natural de las calles que todas las manos asían, nos brindaba mil diversiones con el sol.

Una Forma

Aguárdenme un poco más, luminosos hermanos; estoy yendo allí, ¿por qué pensáis que mi fluyente pluma retrata árboles, flores, plantas e imagina edenes posibles cercanos...? Adivina...No me demoraré muchos días en llegar... Prefiguración, imagino, imaginación... ¡Cielos!: permitidme, os imploro, estas audacias buenas del alma; ¿veis que como una paloma quiere volar hacia la Luz irresistible y en manos santas entregarse como libamen? Asciendo sobre esta ciudad sin flores de concreto por instantes, no sé si vosotras pensáis en mí, por instantes impensados y repentinos yo me elevo  y mi alma piensa en vosotras, ¿acaso no lo notáis en mis poesías? Mientras espero que se llene con agua la botella nocturna,  a través de las frías ramas que sin hojas tiritan veo siempre la misma estrella como un cenital alumbrándome, olvido el frío, y siento que Él me guía cuando tú refulges.... Hace unos días vi un angosto sendero blanco rodeado de flores, al final estaba Jesús con los brazos extendi...

¡Mis perfumes constantes!

Mis pálpebras laboriosas no se maquillan con  lóbrega pátina del ideal sombrío de Baco. Él fue despedido en su final liburna silente, sin lloros, y no hubo necesidad de cubrir con crespones lacerados mi corazón que no lloraba. ¡Oh, día feliz en que miré consciente y ligero el sol...! ¿Esperas que yo te dedique una flébil nenia, que sangre y llore y gima sentimientos obscuros, tú, que con salaz inspiración fuiste su ludibrio y su lacha?  No, no esperes que con jirones negros que lloran mi lira  de luz vierta angustiantes lágrimas en tu lucillo que olvidé. ¿Acaso crees que mi ser que se elevó alguna vez lo visitará? En la misma calígine del paisaje umbrío que me hiciste imaginar,  entre nocturnos desórdenes, !rediós, yaces yerto ahora! Vete con tus neomenias sensuales y de confusión, con tu blasmo... Baco, que me deje dile a tu lúgubre y profundo ideal. Cingiberácea, eres una delicada perla rúbea  en el aro fino de hojas verdes y purpúreas. Las neguillas celestes,...

Árbol elevado

Sobre el verde valle que se eleva en busca de tesoros celestiales... está el árbol elevado de sol; me espera y que me demore no ansía. ¿Quieres correr esa suerte?  Viaja a él, y contémplalo sin dudar, entonces; atrás se ven las lindas montañas misteriosas... me sobresalto y tiemblo ante su magnificencia que no tocan mis manos todavía; ¿quién estuvo en tus entrañas, y oyó tus confidencias como un íntimo lay? Bajo el calambuco inveterado las ortigas también miran el cielo con verdor silvestre. En el valle que Minerva colorea con sus ojos no habrá distancia entre ambos y el cielo nos alumbrará juntos. Puente de oro con volutas fucsias y doradas, blancas hojas de acanto, cruza el purpúreo lago en cuyo centro hay una estrella cerca de la cascada nívea, esmeralda y azul...¿no es así, árbol elevado?

Sendero de luz de las flores

Escucho cómo resuena el rábido golpe del recial  rispo, sobre el rigente riscal que permanece con tiesura, y se aferra a la tierra instintivamente  con redaño haciendo patente su ronce natural, sobre el que refulgen orquídeas verdes y azules doradas de sol, vecinas de las hortensias purpúreas que adornan los caminos de riscos y son salpicadas por el rabión, odoríferas deas de la ricia cercana y de los acantilados... ¡No me importa!, estoy a resguardo seco en tierra firme; no veo astrosas radas, lejos están los delusores tremedales... Ojos míos, olvidad los colores grises del cielo que ya no existe; la corriente se extinguió, seguid sólo el sendero de luz de las flores.

Septiembre primaveral

Quitapesares será quitamente la primavera de Septiembre última, coronada con piedras preciosas verdes y guirnaldas de colores imposibles  para la captación de las criaturas inferiores, cuando desaparezcan los quitasueños temporales, y no exista la quisquilla de respirar cansado, y no sea necesario usar quitaguas para eludir los astrosos semblantes de violencia y odio, acíbar que acibaran a los seres que se elevan... no me arrulles con flores que explotan por su amor  a aromar con perfumes miles los verdinos senderos, ni con árboles que se envanecen mostrando el progreso de su floración; ni sea ambición diletante beber tus frescos aromas, insipientes, mezclados en sinfonía con los trinos alegres de los pájaros que florecen y compiten con las flores más bellas disputándose el trofeo del alma más sensible para amar el verdor... Tú estuviste en el instante de mi reencarnación, de mi nacimiento en este postrero mundo, tus hojas florecidas de fuego me vieron nacer cuando cambiaban d...

Cerca de la familiar quintería

Croan las matutinas ranas desde el tarquín  de la zanja, quillotra de los bordes verdes rútilos, desde las monótonas lavazas croan; les devuelven el arrullo rúbeo las quitameriendas quitamotas, sorprendidas por su cantar tan organizado... cerca de la familiar quintería  rodeada de esbeltas salicarias, arzollas amarillas; tupido barzal: di qué secreto de la tierra escondes astucioso bajo tu follaje verdino  que se expande por el misterioso bosque ideal en las mañanas frescas, tiernas de los primeros años. Se oye el runrún lardoso del sapo en el reciente légamo; escuchemos el tris de la escarcha que se rompe  hasta que el leñame sea suficiente y tengamos que volver... La rocalla embellece la orgaza que mira el horizonte del mar...

Lessueste...

Lessueste, que no sea agresiva hoy tu lena, ¿cuántas veces más, di, tu paso traerá laceria...? ten piedad de la lezne prímula roja al borde del río que aroma y habla con los verdes licopodios, con tintes rosas por los lapachos de los senderos; oye el cantar tímido de las lobelias azules fielmente abrazadas a las piedras blancas: Ah, no pases velozmente otra vez, tu lilao nos quita resplandor.... Cada gota de lluvia forma en el lago un círculo misterioso... prímula, licopodios, lobelias fragantes, ¿vosotros lo veis? El lessueste lo deforma sobre las aguas que corren; pero yo soy poeta  y grabo su forma virginal y pura en el lienzo sacro de mi alma. Cada gota de lluvia forma en el lago un círculo misterioso... prímula, licopodios, lobelias fragantes, ¿vosotros lo veis? El lessueste lo deforma sobre las aguas que corren; pero yo soy poeta  y grabo su forma virginal y pura en el lienzo sacro de mi alma.

Hemos recogido muchos leños para el hogar

Las pueriles mañanas olían los aromas verdes aún mojados en época invernal de vacaciones frías, de los arces, pinos y eucaliptos; estábamos abrigados con diligencia por nuestros padres, y nuestros atavíos inflados no eran un peso, sólo abrigaban; hacía lo propio la tibia, norte resolana sobre los húmedos pastos amarillos, y las copas canas y de oro aún dormidas de los árboles elevados, con capas empañadas de rocío con regusto a rosa, calentaban nuestros juguetones caminos en las malezas, en los bosques próximos y ciertamente felices ignotos... Éramos niños, toda la naturaleza nos parecía alta y misteriosa; y quizás nuestros ojos infantiles sin lindes confundían terrenos con selvas. Altera la calma quieta de un calmo cardo una culebra asustada, crac hace una lábil anémica hoja. ¡No te hará daño, sólo escapa para entrar en su buhedera...! Los gallos entonan el buen día antes que los teros, y las hojas caídas pincelan un croché de múltiples colores, en la fantasía dulce que no era sino un...

Piedras en las aguas cristalinas

¿Sí, metáforas libres? Como ríos mansos, arborescentes, sin sobresaltos y tranquilos, pacíficos, que se embriagan tiernos con su propio fluir... llenos de fragancias etéreas y colores puros, en mi cercano próximo orbe en que será natural leer poesía como oler una flor que enamora, ¡ah, al fin, sobre una hoja dorada iluminada..., carente de materia, llena de luces, "fluidica" fluirán mi pluma y su tinta libremente, sin límites y sin hiatos del mundo, sin tiempo ficcional! ¿Qué bardo en ese orbe bruñido de luz no expresará el amor de su corazón con lenguaje poético sin ambages? Oh, alégrate, la creación poética no será un efugio "kármico" de sentir la asfixia dentro de un cuerpo, que despierta por las noches, para dormir forjadas, será plena feliz actividad diurna cotidiana, arropía sinfónica común de todos los días y horas. Borrajo incógnito, subacuático en el lecho verde del río; hojarasca tibia con rayos azules de montaña flota sobre el haz movedizo esmeralda y cal...

En las corrientes materiales

¡Belleza!, fugaz pasaste por mis sentidos que aún estaban verdes para conocerte, comprender tu significado real y gozarte. ¡Ah, perdóname, fui un bisoño amador...! ¿Tal vez otrora yo pulsaba con arte la lira? A las regiones extrañas de Morfeo impredecible, ya mismo debo conducirme otra vez, forzadamente, y dormir; porque este mundo nos obliga a zambullirnos en sus corrientes materiales que deturpan la nobleza del alma. ¿Por qué tiene que correr rápida mi pluma, belleza, ahora que comprendí tu esencia? Sí, debo dormir.

Pétalos caídos

                                                                                      A la que le guste la poesía. ¡Ah, pétalos caídos!, ¿qué hacéis entre los pinos crisopacios en el bosque umbroso? Oh, duele  ser bello y no poder aromar en las laderas soleadas... la arena amatoria mía tantas veces, no me extraña, rusientes cuerpos se hunden en ti en el calor de la tarde... ¿Cuándo yo te idealicé sobremanera? El azor azacán no sabe que mira sin querer movido por fuerzas ónticas que desconoce,      y canta inconsciente sobre el azur del cielo  desde su dura rama con su canto débil; aun en el tremedal flores naturales preciosas hacen ciclar sus orillas ignotas  adornadas con suaves pétalos caídos... Despierta la azabara procera y le dice: oye, inte...

Son tormentas que pasan...

                                                                                 A esa viajera. Vuelan las hojas y escapan asustadas, súbitos vientos chirriantes y fríos, trepan los peñascos plomizos aberradas; huyamos antes de que nuestro verdor se opaque y enfríe dicen, ¿cuál será si no nuestro blasón? ¡Pobres!, sienten el acíbar de su migración doliente y se conchaban con aves arborícolas. ¿Qué te ha hecho entrar en mi nido calmo, hoja desconocida? ¿Por qué el argavieso te abacora? ¿Él no sabe que eres la húmeda adehala del abertal exangüe, y su emolumento verde que lleva fresca agua? Ababol, abelmosco, abedul, abeto, aciano, acerola color del sol y del Vesubio, azufaifos, alaterno, cubran su capuz delicioso ante la cascada, son buenas abluciones. Ah, delicada Yuré, tus ojos me ense...