Hemos recogido muchos leños para el hogar


Las pueriles mañanas olían los aromas verdes

aún mojados en época invernal de vacaciones

frías, de los arces, pinos y eucaliptos;

estábamos abrigados con diligencia


por nuestros padres, y nuestros atavíos

inflados no eran un peso, sólo abrigaban;

hacía lo propio la tibia, norte resolana

sobre los húmedos pastos amarillos, y las copas


canas y de oro aún dormidas de los árboles elevados,

con capas empañadas de rocío con regusto a rosa,

calentaban nuestros juguetones caminos en las malezas,

en los bosques próximos y ciertamente felices ignotos...


Éramos niños, toda la naturaleza nos parecía alta y

misteriosa; y quizás nuestros ojos infantiles

sin lindes confundían terrenos con selvas.

Altera la calma quieta de un calmo cardo


una culebra asustada, crac hace una lábil anémica hoja.

¡No te hará daño, sólo escapa para entrar en su buhedera...!

Los gallos entonan el buen día antes que los teros,

y las hojas caídas pincelan un croché de múltiples colores,


en la fantasía dulce que no era sino una longuera simple.

Un panal empolvado yace expósito y tiene melcocha,

¿lo tomaremos? Se acerca el calabobos matutino,

¡volvamos a casa, hemos recogido muchos leños para el hogar...!

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