Madonna Di Giardini es su nombre- me contó el sereno, cerca de los lobos marinos. Azotaban nuestros rostros, rudos vientos salinos de la noche. ¡Ah, qué solo erraba yo hasta ese instante...! Este es el barco pesquero que cuido, ¿quieres entrar? No hay ningún vigilante porque hace mucho frío, ¿ comprendes?; y después de todo, soy su capitán mientras en el cielo reine obscuridad, y no haya nadie que no mire el faro que levanta el fuerte vaho del puerto, y lo deposita en la borda del barco que sueña que se balancea como mi vida con rumbo impreciso, solo y no puede despertar del sueño, no. Él reía, era honesta y socarrona su risa curtida por el sol y sal. Me ofreció un plato de fideos soso, pobre, sin nada y entendí la austeridad de los trabajadores de la pesca y de los serenos hombres que protegen los barcos cuando los favorecidos en sus casas firmes y secas duermen. Has sido gentil y educado; además sufriste al escuchar mis poesías tras largas horas solas de beber, y Madonna Di Giar...