Caída


¡En un desorden repentino caí!,

cuando el sol en el cielo de la tarde,

despejado, sin nubes refulgía.

Yo no lo busqué, responde a otra vida


y en esta me vuelve forzadamente

por falta de atención; creía yo que el

tiempo de mi vivir sería poco. Y

es fácil aparezca ante una agresión


que remece cual marea el lecho de

los mares los sentimientos del alma

que vuela ofuscada de la luz a la

efímera sombra, y no quiere perder


el trabajo interior, arduo del orden.

El sol, el cielo y la tarde, tremendos

cerrazones fueron súbitamente

cuando mis ojos querían luces,


y vieron un cruel avasallamiento...

El desorden material me causó ira,

entonces mi verba castigó a esa alma

que lo ocasionó sin querer quizás,


a ese ser cuyo karma cuesta quebrar.

Hórrido momento de mi vida, huye.

He pecado nuevamente. Mesías,

¡sosteneme en esta dura caída!

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