Pensamiento en la naturaleza
Adelántate en el camino cuando tu cuerpo duerme. Una voz me dictó ese verso.
A Algernon Charles Swinburne(1837-1909)
Cuando alma y cuerpo reposan, alejados
del enfermante ruido del mundo atormenta,
cuando alma y cuerpo se separan aliviados,
y cada cual busca su orilla diferente,
(tal vez, el vínculo cortarse pudiese...)
el pensamiento en la Naturaleza pierde
su capa material que lo agobia, libérrimo corre
con pies alados hacia el confín, grácilmente,
del horizonte que no termina allí, donde los ojos
del ańima, aún materializada, dejan de ver.
Céfiro suave, cual mano gentil que acaricia, lo impulsa
hacia sublimes dimensiones ignoradas por otros...
Va de aquí para allá, en su ensoñación sin límites,
navega magníficos mares, recorre montañas temibles,
perdidas islas explora, y un refucilo lo hace esconder;
pero no teme, ¡al contrario, agradece: viene del Cielo!
Vive la sensación más parecida a estar sin cuerpo
y sin materia, y flota sobre las azules aguas
teniendo en su brújula el norte que conduce al sol.
De cara a la tempestuosa inmensidad que calma
el espíritu, lo adormila, duerme y arrulla,
el pensamiento interrogó: ¿por qué no puedo vivir aquí,
y permanecer para siempre lejos del hostil
orbe que no es mío? Él vuela libre entre la hierba...
mientras vencidas olas por el tráfago de humectar
las blancas, tórridas arenas, se deshacen de sus crestas
espúmeas como el lirio; y sobrecogedores truenos
imparten la terrible orden para retirarse del lugar
sin dilación. El pensamiento en la naturaleza vuela,
(reposado el cuerpo reluctante a la elevación,
y el alma sufriente, liviana y libre ya).
El pensamiento en la naturaleza vislumbra a Dios.
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