Al sereno de un barco


Madonna Di Giardini es su nombre- me

contó el sereno, cerca de los lobos

marinos. Azotaban nuestros rostros,

rudos vientos salinos de la noche.


¡Ah, qué solo erraba yo hasta ese instante...!

Este es el barco pesquero que cuido,

¿quieres entrar? No hay ningún vigilante

porque hace mucho frío, ¿ comprendes?;


y después de todo, soy su capitán

mientras en el cielo reine obscuridad,

y no haya nadie que no mire el faro

que levanta el fuerte vaho del puerto, y


lo deposita en la borda del barco

que sueña que se balancea como

mi vida con rumbo impreciso, solo

y no puede despertar del sueño, no.


Él reía, era honesta y socarrona 

su risa curtida por el sol y sal.

Me ofreció un plato de fideos soso,

pobre, sin nada y entendí la austeridad


de los trabajadores de la pesca y

de los serenos hombres que protegen

los barcos cuando los favorecidos

en sus casas firmes y secas duermen.


Has sido gentil y educado; además

sufriste al escuchar mis poesías

tras largas horas solas de beber, y

Madonna Di Giardini se movía...



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