Guitarra
A ese gordo M.
Cuando estuve ante el sillón que reinabas
en ruinas llena de polvo y de vejez,
al menos muerta, nervioso pregunté:
Oigan, ¿dónde, en dónde está la guitarra...?
¡Por favor, mi alma se turba y piensa mal!
Muchas tardes disfrutamos unidos
luego de los deberes, de la siesta
para la presión escolar mitigar,
soñando que seríamos amantes
para siempre, y yo te presentaría
ante mis amigos y señoritas
deseosas de música, galante:
Ella hace brotar de mi interior honda
música cuando la melancolía
color naranja la pieza corroe.
¡Desaparezcan preocupaciones...!
No pude despedirte. No sé quién te
llevó. Fortuna quiso tu cadáver
desapareciese en un día de sol.
¿Ahora cómo hago para llorarte?
si tu cuerpo era de madera inerte;
no lloré cuando desapareciste,
y aunque la culpa no tuviste, no, no
esperes, ah, que de mi ojos broten
lágrimas; tampoco tuve la culpa.
Halla un cálido hogar, y con dulzura
deseo te traten las manos que de
mi ser te apartaron para siempre. ¡Adiós!
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