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Mostrando entradas de enero, 2023

Puse rosa flor en tu oreja...

                                                         ¡Estabas tan linda bajo la espléndida estrella Sol y cielo azul despejado!, ah, sin ropajes que te quitan belleza. Caminábamos oliendo las fragancias de las hojas de los árboles, hacia el mar verde y azul, mi amor, que está cerca de casa. Los solares rayos y los vientos con sal tostaban tu piel, como quisiste, amada hermosa mía, mientras que nuestros pasos unidos eran uno solo en la senda. Puse rosa flor en tu oreja derecha; te besé, y alegres continuamos la marcha.

Esperen el periplo...

  Mis queridas, bellas plantas, recibid amorosamente de mis manos, el agua que echarán en la tierra en la que habéis crecido con fuerza y con amor. ¡Ah!, sabed por un tiempo no estaré aquí... Otras manos os cuidarán como yo. Buenamente, por cierto, decidle a la araña cuando salga de su nido, hay nuevas, ¡ay, párvulas compañías, y las últimas semillas que sembré! Reconozcan ¿sí? que yo debo viajar, ¡ay, con mi amada! Y esperen el periplo...

Hielo

  ¡Crac! causa el hielo dentro del vacío vaso, cuyo contenido mi boca otra vez al desgaire muda vació. Oh, no te quejes, pronto dejarás de estar frío, y serás tranquilas aguas. A guisa de consuelo yo te diré: Ea, hazme caso y quédate tranquilo; ¡ah, sólo se te irá el frío, el resto no! Para ti habrá grata recompensa por tu trabajo desempeñado en el mundo. ¿Alguien podrá decir no hiciste hazañas...? Ninguna queja te encierre en ti mismo; deja que fluya tu cambio sereno... A seres y cosas Dios les da rumbo. Y tú lo tienes, debes comprender; ¿sí, hielo? Hazme ¡crac! si tú comprendiste esto...

Coincidan siempre nuestras ganas de amarnos

¡A espuertas nos amaremos cuantas veces tú decidas mirando las olas del mar!, ah, la superficie de las aguas fuertes, el bello horizonte que no está lejano... Diré a escondidos seres de las arenas: Tejed dorada alfombra para mi mujer. ¡Hala!, una exquísita égloga emularemos risible donde los besos estén siempre encendidos uniéndonos cada vez más. Tomarás sol en una roca acostada de playa hacia ti mi deseo atrayendo, y yo quedaré de placer desmayado... Seámos el adjetivo deverbal de amor. ¡Ay, que tu corazón latir quiera siempre junto al mío en esa y en otras playas... ¡Coincidan siempre nuestras ganas de amarnos!

Casi me desmayé por amor

El viento ya cesó; y bajo la luz de estrellas, ay, las copas de los árboles tranquilas, duermen en paz reposadas. Aunque frío repentino apareció inesperado en la noche, yo siento en mi alma, como ellas, serenidad, calma. Casi me desmayé, y tú provocaste, vida, feliz sensación de desmayo al decirme dos veces: ¡Te amo, mi amor! Y dijiste: ¡Amor mío, hasta mañana! Sólo una cosa que me digas falta: ¡Somos pareja! Oír eso, ay, esperaré.

Sueño compartido será real, vida

                                                                       ¡Ay, mi amor!, tú verás el mar en verano, ay, junto a mí, sin pesadas vestimentas que en invierno en la arena fueron escollos para amarnos naturalmente en la playa. Saludadla con vuestras olas tranquilas. ¡Ella es, ah, mi novia y será mi pareja! Con canciones recibidla, ¡mar!; con oro en las espumas, ah, que las olas crean cuando rompen hemiciclos dibujando. Frente a ti gritaré el nombre de mi amada. ¡Sueño compartido será real, vida! ¡Lo veremos, círculo Sol, amándonos!

Como el sauce y el agua nos complementamos

                               Yo te quito la sed, el agua murmura; y el sauce llorón dice, yo te doy sombra. ¡Oh, que otro sauce no toque gota tuya...!; pues rendido te otorgo sombra sólo a ti. Ay, amor, que tú hagas esto mismo justo es. ¿Comprendes qué quiero significarte, decir, alma gemela, todos los días? Tus aguas solamente a mí deben cubrir. Entonces, entre nosotros, ay, no habría interferencias ningunas (evitables). Dime, vida mía, ¿entiendes, ah, que la unión gemela entre dos almas sólo debe ser? Que en el canal en el cauce estemos tú y yo; abrazados y juntos nos encuentre Aurora fiel, ay, siempre amándonos unidos sin fin. ¡Nos complementamos, amor! ¡Fuera, intrusos...!

Te aguardo en astral cuerpo enamorado

                                Huelo aromas de encendido sahumerio, por arrobas en el aire esparcidos; y siento a mi lado tu compañía y te hablo, te hablo...; aunque verte no puedo. ¡Vendrás en cuerpo astral como te he dicho...! Sueña con los ángeles y conmigo, después ven, mi bienqueriente, mi amada, cuando buenas aves duermen, descansan. ¡No me niegues tu presencia existencial, amor!, ay, enfermarme tú nunca quieras. Tomo el frasco de perfume, obsequiado por ti, oliéndolo y yo te quiero abrazar. Ay, gotitas vertí de él en tus prendas. ¡Te aguardo en astral cuerpo enamorado!

Ay, la veo cada vez más bella

                                                                    Cabe las plantas tomábamos un baño, ay, bajo la luz de auspiciosas estrellas. Tú y yo el aroma de las mentas olimos vertidas en el dulzor del aire bueno, y en las aguas, amor, en que nos mojamos. Yo te miraba, y después mirando el cielo decía: ¡ay, la veo cada vez más bella! Vi en tus ojos unos hermosos brillos y risa que de ti más me enamoraron. Ah, mi amor, repitamos ese momento...

Nuestro amor crece

           Dejo en tus manos mis ojos junto a mi corazón; porque no los necesito. ¡Ya estoy en tu vida que tú conducirás! Mirando los dormidos árboles que el viento errabundo con arrojo mueve, ¡ay, recordé: Te amo, en la tarde feliz! Colores de sol hallaban sosiego en tu risa y los pájaros trinaban. Ah, vi el perfume que arrojaste en tu piel. Cretonas y lazos de amor se llaman, me dijiste; pero ellas, no, no son más bellas que tú. Dejo...nuestro amor crece.

De un sitio a otro más bueno

  Ay, canta y pica una rama; vuela en busca de sustento para sus pequeños hijos, o en pos de un largo viaje de placer cuando su protección ya no es necesaria. Su día; aunque no carente de trajín, ay, porque es buena su alma, es simple y sencillo. ¡Ved!, canta y pica el ave una rama dura de un árbol en que canta hasta el atardecer; y las dormidas flores sueñan despertar, dulcemente sus cantos otra vez oír. Oh, cuando el hombre el árbol tala, ¡de un sitio a otro más bueno por su nido el ave va...!

Colibrí

                                                              Ven, ven, apúrate, dijiste: mira... oí tu voz, fui corriendo a tu lado. Es un colibrí, dije; era la tarde temprana, ¡y tú, mirando sonreías la belleza alada que me hiciste ver! Cerca nuestro pasó, y estaba nimbado, sonriente. Quizás nos dejó mensajes... vida, para hacer, ah, nuestro amor crecer. Jamás vi un colibrí con otra mujer. La estela de amor que nos deja mira.