Esperen el periplo...
Mis queridas, bellas plantas, recibid
amorosamente de mis manos, el
agua que echarán en la tierra en la que
habéis crecido con fuerza y con amor.
¡Ah!, sabed por un tiempo no estaré aquí...
Otras manos os cuidarán como yo.
Buenamente, por cierto, decidle a la
araña cuando salga de su nido,
hay nuevas, ¡ay, párvulas compañías,
y las últimas semillas que sembré!
Reconozcan ¿sí? que yo debo viajar,
¡ay, con mi amada! Y esperen el periplo...
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