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Mostrando entradas de septiembre, 2022

Brilló una gota

  Toco enamoradamente las hojas mojadas de mi ligustrina, ¡por fin!; en las que hace instantes brilló una gota y fue toda la luz que hubo en el cielo. ¡Y las nubes retornaron, ay, nuestros tontos corazones con umbra a cubrir…! Oigo el croar de ranas mientras camino. Ah, que los malvones mi angustia sepan...

Mi Ángel guardián, nos veremos las caras

  Intuyo que tal vez nos veamos el sexto día... ¡ay!, ¿quién sabe dónde será el encuentro entre tu espíritu de luz y mi alma que aún no brilla tanto? Dime qué debo hacer para no quedar errante en este orbe de grave anemia, vagando sin fin entre ayes profundos, invisible, y con mi voz ya extinta... Adivino que me dirás de grado, con amor, cómo de las sombras salir. ¡Tu nombre conoceré, y sabré cómo eres...! Luminoso y de gran estatura, te veré cuando ese "parámetro de la materia" * no sojuzgue más mi vida, y su ficticio ente no sea molestia obscura y grávida, ¡mi Ángel protector! Veinticuatro meses forman dos años, tiempo en que mi ánima bastante ascendió; y acendrada fue bien por tus consejos. Tal cifra descompuesta es dos más cuatro. ¡Ansío halle luz ese día sexto...! Soy mortal recuerda si me confundo. ¡Guíame; y dile al Señor me redima! ¡Mi Ángel guardián, nos veremos las caras! * Manuel María Carreira (1931-2020)

Ven en tu astral cuerpo...

  Ven en tu astral cuerpo a mi lado, si escuchas o sientes la energía de mi corazón. Las horas de la noche señalan que estás, ah, reposando en regiones oníricas, en tu sueño viajando libremente... Ay, si te interrumpí te pido disculpas. ¡En un instante visítame ahora, amor mío!; las densas dimensiones traspasa, libérame de mis ahítas angustias; necesito que estés junto a mí y abrazarte, !cielos, sentirte permanentemente! ¡Ven en tu astral cuerpo, bésame con tu alma!

¡Presentadme las aguas...!

                                                                   "Oh Dios de los cielos, Creador de las aguas y Señor de todas                                                                                                              las criaturas”. Judith 10. ¡Presentadme las aguas...! Y en ellas me bañaré con alivio y mansamente. ¿Acaso yo conozco dónde se hallan? Estoy en el mundo, y aún tengo materia. ¡Oh, conducidme..., sedme salvíficos!; tenéis mi completo beneplácito. ¿Qué méritos debo hacer para verlas? ¡Presentadme las aguas que me limpi...

Sólo mira la luz que nos envuelve...

  ¡Vamos!, deja en este orbe tu escarcela de infortunios, pesadumbres y dolor. Puedes olvidarte el zurrón que de tu alma pendía asiéndola a la tierra. A partir de ahora no eres material; recuperaste el estado original, ¡cómo querías!: Tu cuerpo está nulo; no ha de ser carga umbrosa que no ha sido. Oh, no te asombres de nuestra estatura; ni tu faz nuestro resplandor impacte; sólo mira la luz que nos envuelve. ¡Tu libre albedrío nos trajo hasta aquí! ¡Ay, tal escena yo veo en mi magín...! No es imaginación, tú nos escuchas. !Volvamos a casa donde está el Señor! ¡Así a mi alma hablarán, oh, los ángeles!

En el mundus spirituum

  Maestitia, ¡despídete de mi alma! Ah, piedras preciosas hay en mi camino, y las esferas giran velándome; sobre las manos de un ángel estará; y cuando esto suceda, tendrás, oh, que huir, ah, como un herido buitre humillada. En el mundus spirituum no podrás hacerme daño; ¿y querrás desearme, oh, cuando yo no existiré para ti? ¿Te das cuenta de que eres absurda, y fastidias cual ave que a Prometeo en las rocas su hígado devoraba? ¡Vete a tus penumbras, jamás fuiste...! Imperio no tienes sobre mi cuerpo. ¿Oyes el peán de mi ángel protector, ves la magna luz que esparce en mi favor? En el mundus spirituum, ay, me está él preparando... y Favonius se acerca...

Tu cabeza sobre mi hombro...

Tu cabeza sobre mi hombro apoyada fue un gesto que ninguna mujer antes me había tan dulcemente ofrecido. Aunque tú digas que no somos nada, y yo me vea como un figulino hombre al que las tontas dudas abate, que te equivocas pienso firmemente. Y cuando tu frente pusiste en mi hombro mientras viajábamos y veíamos caer la lluvia sentí volar mi alma... Déjala así, mi amor, toda la vida. Sea la última imagen en mis ojos...

Amémonos con la celeridad...

            Amémonos con la celeridad que la luz desarrolla en poco trayecto... Ay, ¿crees que las flores para siempre han de conservar su fresca fragancia, y tú puedas decir: Como ellas me veo? El envase de nuestras almas tal vez no nos causará ardor, y sus olores ¡ah, no han de ser arrullos encendidos...! En este mundo todo languidece, y las tardes declinan sus aromas cuando Tiempo exige sin paular su fin. La percepción de la huida de las horas solitarias me tiene entristecido; y grave moharra se hunde en mi pecho al pensar que juntos breves momentos pasamos, y nuestras vidas, oh, corren.