Maestitia, ¡despídete de mi alma! Ah, piedras preciosas hay en mi camino, y las esferas giran velándome; sobre las manos de un ángel estará; y cuando esto suceda, tendrás, oh, que huir, ah, como un herido buitre humillada. En el mundus spirituum no podrás hacerme daño; ¿y querrás desearme, oh, cuando yo no existiré para ti? ¿Te das cuenta de que eres absurda, y fastidias cual ave que a Prometeo en las rocas su hígado devoraba? ¡Vete a tus penumbras, jamás fuiste...! Imperio no tienes sobre mi cuerpo. ¿Oyes el peán de mi ángel protector, ves la magna luz que esparce en mi favor? En el mundus spirituum, ay, me está él preparando... y Favonius se acerca...