Amémonos con la celeridad...
Amémonos con la celeridad que
la luz desarrolla en poco trayecto...
Ay, ¿crees que las flores para siempre
han de conservar su fresca fragancia, y
tú puedas decir: Como ellas me veo?
El envase de nuestras almas tal vez
no nos causará ardor, y sus olores
¡ah, no han de ser arrullos encendidos...!
En este mundo todo languidece,
y las tardes declinan sus aromas
cuando Tiempo exige sin paular su fin.
La percepción de la huida de las horas
solitarias me tiene entristecido;
y grave moharra se hunde en mi pecho
al pensar que juntos breves momentos
pasamos, y nuestras vidas, oh, corren.
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