Tu cabeza sobre mi hombro...



Tu cabeza sobre mi hombro apoyada

fue un gesto que ninguna mujer antes

me había tan dulcemente ofrecido.

Aunque tú digas que no somos nada,

y yo me vea como un figulino

hombre al que las tontas dudas abate,


que te equivocas pienso firmemente.

Y cuando tu frente pusiste en mi hombro

mientras viajábamos y veíamos

caer la lluvia sentí volar mi alma...

Déjala así, mi amor, toda la vida.

Sea la última imagen en mis ojos...

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