Semilla


                     

                 

Corre sobre la mesa, rueda y escapa

hacia uno de sus extremos... ¡Detente,

ay, semilla!, a una de mis manos ven ya.

Oh, si te caes, tu vida, latente

y en potencia, ¿sabes? permanecerá...

Ah, te hablo porque también tienes alma.

Te doy bien al conducirte a tu Sino;

y obtengo de ti cosecha perenne.


Te llevaré a la tierra y te sembraré.

Tu cambio de estado hará de ti, el bello

acto de convertirte en una planta.

¡Acuérdate de mí, por favor, oh, si

quieres!, ay, cuando tus hojas florezcan.

Como buena misión te recordaré.

Oye, ¡he visto dos fugaces estrellas!

Albricias, quizás se cumplió mi sueño...

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