¡Rómpete, Torre de Babel!

                                                                                   Al que fue mi padre carnal.



Somos muchas almas unidas en Amor,

hermanadas en la Fe, el Bien y la Bondad;

¡y solicitamos te derrumbes al fin!,

pedazos te hagas para siempre, y tus viles

escombros, yertos, se muden en cenizas,

y vuelvas al infierno, del que has salido

sólo temporalmente, para probarnos,

¡oh, vil sierpe, Torre de Babel infernal...!


La nueva Torre de Babel, invisible

y palpable a la vez, está apartando de

la Luz a las ánimas que en anestesia

espiritual viven, ay, de engaños llenas.

En el Juicio Último este mundo dejará

de ser de expiación, como a Kardec * los buenos

espíritus en su círculo hablaron...

Y tú, Confusión, sí, ¡habrás de perecer!


Envilecida en las sombras del Báratro

con tus penas, por perder tantas almas

de este orbe, serás un olvidado mito

apenas recordada por las fuerzas del Mal;

ah, después de que las Celestiales Huestes

por San Miguel comandadas te erradiquen.

Y piedra a piedra veremos tu caída

con estridores celebrando la Verdad.


El Señor Jesús advirtió tal Confusión

de esta tierra sobre los postreros tiempos...

¡Rómpete, Torre de Babel, !ea, decid!

No soportamos que inficiones errores;

y no aceptaremos más tu tiranía

de las malvadas entidades obscuras

que quieren que lejos del Cielo vivamos.

¡Una es la lengua: Habla de amor y de perdón!


* Allan Kardec (1804-1869)

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