Obro el bien al no espantarte...



                                                                  "A tu alma obrando bien alegra, porque es esta la ganancia                                                                                                                   mayor". Épodo 6, Baquílides (520 a.C. - c. 452 a.C)



No tuviste la avilantez de enfrentarme;

y no me asustaron tus rápidas patas,

y esa actitud tuya me dio tranquilidad.

Me dije: Si yo no la molesto, ella no,

oh, no saltará sobre mi mano; y vendré

tranquilo, otra vez, a regar mañana...


Hay ausencia de temor que intuya la araña

en ese hábitat que no es suyo ni mío es,

ah, por la luz del Sol ahora alumbrado.

!Ay!, déjame decirte que te alejarás

mientras asperjo los retoños con agua

que conviven contigo en diaria armonía.


Y a mi mente debo decir: Ningún daño

hará ese arácnido ser que se camufla

solamente, y huye, solo, despavorido

corre, eludiendo las gotitas que caen;

y después provocan un tris que lo aturde.

¡Puedes estar...no seas asustadizo!


Sólo aléjate por tu bien si no ansías

oh, mojarte, y tu suspicacia depón,

pues vine porque mis plantas tenían sed.

¡Sí!, por cierto, que la tierra está mojada;

y antes estaba seca. Sé que el fabordón

te resultará muy difícil comprender...


Obro el bien al no espantarte de tu nido;

contraria cosa no podría hacer, dueño

no soy de esa porción de tierra es regalo,

en la que vives, ah, cumpliendo una función

diminuta. ¡No temas, párvula araña, 

por tu vida! Hazte a un lado mientras yo riego...

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