Abejita

 

¡Pobrecita!, la vi flotando en el agua...

ah, ya estaba exánime y frío su cuerpo.

¡Ay, cómo has podido ahogarte, abejita!

¿Fallaron tus melifluas, buidas alas?

¿Tal vez tus flagelo y escapo se durmieron,

u orientación en tus ocelos no había...?


Me mantendré ecuánime como en Otoño

permanecen los árboles perdiendo hojas;

y no verterá mi alma llanto en mis ojos.

¡Oh!, ¿por qué sufrir? Si el sol está brillando; y

créeme no se perderá tu energía.

A endulzar las flores volverás un día...




El poeta autoriza a reproducir 

esta poesía; y la condición es que se cite la fuente, (anónima).

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