Decirme que sí sólo debes
Enterremos los fantasmas de nuestras
mentes que se enfrentan cuando no estamos
juntos, en amoroso pactado plan
consista en no hacerlos venir nunca más.
Que en yacijas inertes permanezcan;
¡nada tienen qué hacer en nuestro mundo
de amor; porque nosotros nos amamos!
Ah, ¡partid ya!, cubriéndoos los ojos...
No estaban ellos cuando nos conocimos.
Dime ¿por qué habríamos de creer en
esas fantasmagorías entonces?
Que las dudas encuentren sepultura
en el cementerio de los fantasmas
sin entidad, oh, que nos han herido...
No los volvamos, por favor, a nombrar.
¿Me entiendes, mi amor, mi alma gemela?
Fenecidos los espectros que arrufan
ay, nuestros corazones distanciados,
ningún chafarrinón habrá en la senda
vital que transitamos para siempre.
¡Ay, nuestro Señor oyó mi plegaria!
Asume el duelo, ¡ambos queremos vivir
el horizonte de los primeros días
y ver...! Decirme que sí sólo debes.
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