Iluminémonos mutuamente, mi amor
El Creador te hizo hermosa y con fuego;
y como admiro la belleza, escapar
no pude a tus encantos cuando te vi;
ni a tu inteligencia me causó asombro...
¿Vienes de la constelación del Toro?*
¿O de Venus como tú dices, quizás?
¿Pude haberte tenido antes, mi cielo,
abrazada a mi vida y ya no sufrir?
¿Por qué las almas gemelas en este
mundo, amor, demoran tanto el encuentro?
Ay, ¿no se supone que hay que estar feliz,
muy cerca de la persona que amamos?
Coincides en que duele pensar esto
después de que nos conocimos !por fin!
Y no pienses que me incomodarás si
tus pupilas me miran largo rato.
Cuando mordí tu boca me pregunté
si serías real o sólo un sueño.
Ciertamente creí que estaba soñando
otra vez; si bien creo que estoy bajo
la influencia de Mercurio, no eres Maya,
eres Aurora encendida, profunda
como Artemisa, como Minerva muy
inteligente con tu mundo interior
que me atrae por sus misterios, ¿sabes?
Eres la bella Alborada que anunció
en mi corazón solitario el nuevo
día de sol y de luz; es cierto, tú
estás indecisa. ¿Eso haría nuestro
amor disminuir? Tu sonrisa es todo.
Que no se opaque el brillo de tus ojos;
no eres Mérope, brillas como reina.
!Vamos... no sucumbas a los deseos
egoístas del mundo no ansía, no
que sus moradores vivan felices.
Cambia esa mirada taciturna, y los
secretos que te incomodan cuéntame.
¿Acaso una flor puede aromar cuando
sus pétalos están tristes, lóbregos?
!Iluminémonos mutuamente, amor!
Tu imán es más potente que el que está en el
centro de la tierra, y en mí tú gravitas.
Las exteriores cosas de este orbe se
se iluminarán para los dos, !vida
mía, y entonces estaremos muy juntos!
Te esperaré hasta que los árboles y
flores, jardines vuelvan a florecer.
No me dejes cuando las ráfagas de
la noche del invierno flagelen mi
alma. Tus ojos no vean el cielo
nublado. Sigo mirando la lluvia
caer; mas hay una esperanza, !tú sabes...!
Saber tu pasado no hará que menos
yo te quiera; aunque me pondré celoso.
* Las Pléyades.
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