Ciempiés

                                                                             A James Shirley (1596-1666)


Sentí repugnancia; y él quería escapar

de mi mesa de madera, intentó mi

mano correrlo de ahí y conducirlo al

cesto con desperdicios, sin hacerle

material herida, y dejarlo afuera;

aceleró sus temerosas patas

contorneando su asustado cuerpo.

!Oh, cien pares de patitas huyeron!


¿Por qué has subido a mi escritorio? ¿Tal vez

desagradable olor, insensible por

mí, (de otra dimensión), captaron tan de

pronto tus ahuyentadas antenas?

¿O furtivo insecto habría que no vi

invisible en la humedad de los huecos

diminutos sin explorar de casa?

Ciempiés, ah respira y huid... ¡por mi asco perdón!


Sé que tuviste miedo de mí, como

de otros humanos, ay, ¿sabes qué ocurre?

La ignorancia de las funciones de los

bichitos de este mundo reaccionar

nos hace de ese modo sin que medie

la razón, entonces decimos: ¡Qué feos!,

ignorando su trabajo en la tierra.

El prejuicio nos conduce a pensar mal.


Cada insecto tiene una función dada

por el mismo Padre que creó al Hombre. Y

el Señor nos da mensajes a través

de criaturitas como tú, que el amor

convierte en menos feas a los ojos.

Musas mías la estrofa de seis versos

eligieron después de que yo te vi,

no sé por qué; y leí vives seis años.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Cajón

Por mi Ángel guardián

Ay, sus alas...