Cesen su flujo sin orden

                                                                                           A Samuel Beckett (1906-1989)




Mientras afeito las velludas molestias de mi cara

gira muy rápidamente mi mente y no cesa;

mi mente debería recorrer la luz,

y recorre los cardinales puntos

y cree atravesar dimensiones en pocos segundos...

!Cielos!, ¿cómo puedes girar tan rápido sin cesar?

Aunque las ideas se repiten mirando el espejo,

(desde el cual ellas me observan esperando ver

el reflejo de su mohín, cuando yo les preste atención),

la primera siempre es distinta y profunda.

!No es posible que yo afeite mi cara tranquilo!

Cesen su flujo sin orden en la vorágine vertiginosa

del pensamiento borrascoso, cuyo torpe timonel

cae a veces bajo el yugo de Morfeo que sirve

no obstante; cesen su curso, oh, sin represa sin dique.

Su efluvio agresivo violento en la tormenta, calmen.

Nubes con forma de caracol atraviesan

las nevadas cimas de las montañas y no las modifican.

Una luz que parece estar festejando el egreso de su

material morada, asciende con silueta de humo exonerado,

divertida, su color es el mismo que el de la redonda

luna en el centro bajo denso terrenal de la tierra...*

cualquiera diría que ríe; y festeja mientras ondula

y danza ascendentemente feliz ansiosa hacia la región...,

donde su color no será como el de la luna, más etéreo será.

Sabe que la espera, sin duda, horizonte mejor y espléndido

finamente abigarrado labrado con delicada maestría.

y entonces, sin más, se despide de allí sin lamentos.

Un animal diminuto medita de perfil, y está serio,

frente al lago que se halla en perspectiva

con el horizonte dulce de dorada luz que se eleva,

como en un film lo veo; serio medita el animal...

!Ah, déjame un poco en las imágenes volar ...!

y llegar a esos sitios con mi osamenta, con mis huesos

quejosos que arrastro, en los que nunca estaré, y que son lindos

en sí mismos, francamente, sólo por su estética.

¿Que si son de este mundo? Claro que sí, por tal

razón no lamentaré no haberlos conocido.

Pues bien, se debe renunciar a ellos antes de largarse.

Y habrá que sentirse un niño; jugar con los chiches más

mansos, con los más simples, con los que en sí mismos

son divertidos y sencillamente amables,

ya sabes, los que ofrecen una diversión apenas los tocas,

y sentir la espontánea risa, sin pensarla como la opuesta

cosa al llanto feo que no es superfluo, por el contrario

es útil, casi inherente al alma; porque la acrisola

aunque ella no sienta su salvífica depuración.

¿Adivinas el motivo? Porque está pegada a su envase.

Habrá que sentirse un niño inocente

para pasar el momento en este mundo prisión

que nos aprisiona por faltas de pretéritas vidas.

Por un momento habrá que ser como un niño.

!Claro que hay que pasarlo!; pues pesa como un peñón

cargado en un sendero de movediza arena;

no puedo hacer que mi espalda hable,

y creo que mis piernas tampoco hablarán,

!que si pudiese... lo haría de buen grado!

para que supieran cómo sufren y qué lastre sienten.

No me pregunten de dónde las imágenes vienen,

ya me adelanté a la pregunta y les respondo:

de mis pensamientos y del orbe exterior que me fatiga,

y en el cual la carne opresiva hiede antes de nacer.

La cubitera es un como calendario, y cada cubito

es como un día que extirpo del cuerpo material, carnal.

En el bucle invertido, como una interna procesión

del alma, espero que la condición no se cumpla

y al fin lo pueda romper, saltar y salir del sistema.

Como floración mojada y mezclada con tierra húmeda,

exultante de colores y naturales fragancias,

ansío confiadamente que resulten las imágenes que yo vea...


* Para dos mentes públicas sin poesía que atacaron este verso, traduzco:


...luna en el terrenal centro,  bajo, denso de la tierra.

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