¡Cae, oh, bendita lluvia!
¡Cae, oh, bendita lluvia!, y llévate las
ideas que volvieron atascadas,
y a un pasado obscurecido quieren ir...
Mójalas, crean caos en el alma...
Mis huesos remoja, puedes mojarme.
Cae sólo en mí, y afligido ponme más.
Tus acuosos dardos no arrojes a ese
felino que miro mientras me mojo.
No hace frío, ciertamente, y Eolo aún
no me fastidia, errático y silboso;
y a escribir tu roce en mi piel me llama
en la noche con su cauce que acrece...
¿Mas tú sabrás que húmedos están mis pies,
aunque las comodidades me asisten?
Mira: ellos están sin medias; ignoro el
motivo... Importa, sí, que con tus aguas
borres las malas vibras y me inspires.
A tu sitio, si quieres, vuelve después.
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