A mi Ángel de la guarda -2-


                                                                         Hago extensiva la dedicatoria a todos los Ángeles de Dios 

                                                                         que en esta vida me asisten.



Fui siempre una persona agradecida

hacia el prójimo que en este mundo me

ayudó sin esperar nada a cambio;

gracias a la educación recibida

en mi hogar familiar que fue cálido,

donde oí tu nombre por primera vez,


desde mi lecho pueril pegado a la

mesa de luz, en que como un escudo

¡oh, tú estabas con forma infantil, guardián

Ángel!, cuidándome en las pesadillas...

¡perdóname por las veces no te oí!

El Cielo me has acercado con amor.


Y tu paciencia yo debo celebrar

que amorosa a Jesucristo me acercó.

Te agradeceré con un apretón de

manos; o un beso en las mejillas si Dios

permite estas prácticas de mortales...

Ángel, de mí estás cada vez más cerca.

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