Eucaliptos

                                                                     

En las mañanas invernales de sol

con los niños vecinos salíamos a recoger

sus frutos sepultados en los senderos de arenilla,

congelados por la escarcha matinal.


Odoríferos eucaliptos, !qué lindos erais!

Enfrentados con esteticismo y con simetría

blasonabais presadas trenzas otorgantes

de balsámicos aromas en el claro tornasol


que atravesaban el sendero aún soñolento.

Los misteriosos teros aún dormían,

y los convólvulos azules se despertaban

sobre el borde ormino húmedo de las zanjas


verde ámbar de aguas estancadas y de rocío.

Fresca guedeja blonda eran tus sombras

en las tardes candentes, y yo sin saber por qué

os admiraba y olía, eucaliptos, en mi niñez.

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