Arbustos al borde de la ruta
Vamos veloces por la ruta austera y descolorida;
en cada tramo, cada recta, cada curva
descubro un oasis y una incógnita,
mis ojos taciturnos se llenan de colores,
los pinceles abigarrados en el cielo son siempre
distintos, portales en la ensoñación virginal.
Oh, vosotros acendráis magistralmente con juegos
de luces y sombras, arreboles y celajes, flores
naranjas, azules violáceas, y rosas el inerte pavimento;
zumba el ábrego trayendo aromas de campos
pictóricos, frescos y de estancias con sus tranqueras floridas.
El sol torna más ambarinas las fugaces albaidas.
¡Cómo brilla él en el violeta de las arzollas
asedadas que se humectan con el verdín de la banquina!
Oh, alma mía ¿tú ves como yo los abalorios inefables
que forman los preciosos arbustos al borde la ruta?
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