Brisa sibilina
A John Milton (1608-1674)
En tus brazos de arenilla y tierra,
grava y caracolas partidas,
me tienes gentil
y dadivoso tolmo saturnino,
acariciado por flores silvestres saladas
al borde de las aguas salinas.
¿Has tenido compañía y tal vez alguien
te holló para solaz o para descanso?
Ah, escucha el cadencioso tintín
de las olas con tintes de celajes y plata
que rompe esta soledad silente
con parsimoniosa algarabía,
alejada de la multitud inexistente
para un corazón sensible y romántico...
Y luego dime con pesquis cómo sondear
el horizonte lejano
bajo un cielo de verano vespertino.
Querrás también decirme cuántas veces
hoy tus oídos ocultos han escuchado
suspiros de amor, desgracias y penas;
permítime disfrutar el olor
de la tierra con lluvia y de hierbas mojadas.
¿Acaso crees que dejé de escucharte?
Al contrario, gozo las secretas palabras
y los ricos aromas en extáticas sinestesias.
Encuentro el paraíso perdido
por un momento,
me reconozco en la naturaleza exultante.
¿Qué te parece más lindo: mirar las olas
en su vaivén, los astros que se despiertan
o desmayarse mirando ambas cosas a la vez?
Debo dejarte, y tú me dejas.
Del mar viene una brisa sibilina...
tiritona, repentina;
recuerdo que apenas soy un hombre.
Me desprendo de tus brazos
ya mojados por el rocío
a la luz del lucero de la tarde;
me levanto, me abrigo ,
me voy
Adiós.
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