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Mostrando entradas de julio, 2021

Acebo

En el medio del valle verdinoso que declina jovialmente entre ácoros, aromos y ciprés serpentea, desciende, se expande, con recobrado verdor sube inhalando límpido aire, como regio protector, luce el acebo bellísimo, se pierde serena su mirada en la acuarela delicada y fina del cielo celeste... ¿ Tal vez él oye el rumor cristalino y cadencioso de arroyos fragantes que adornan sus pies? Rojos frutos, obscuro haz, claro envés, pétalos blanquecinos, en Otoño ellos florecen, de ámbar a rojo brillante pasan; ¿Cuántas almas diletantes y epícureas admiraron tu belleza, y cuál fue la sensación de las aves peregrinas tras besar tus gráciles cabellos? Esparces sobre el dosel del prado verdoso tus ricos aromas de tiempos milenarios... bella retama no te desmayes hoy, ni se opaque tu luz parnasiana. ¡Crisantemos rojos: Regálenme un beso! a la fresca sombra de los álamos plateados debo leer y escribir poesía; rondan las musas sedientas de amar... Sé que mis suspiros y ayes, y mis solitarios vaniloq...

Flores sobre los senderos

!Flores sobre los senderos nada reclaman y esperan...! Ellas miran el cielo tranquilo, teñido de sol, ¿acaso intentan descifrar un arcano? Las azucenas brillan, y las aves cantan sus ecos con vagarosidad al desgaire, cenefas purpurinas vuelcan sobre el lienzo dormido, las comas de un pincel impresionista, adornan el carro de Faetón que alumbra a destajo confundido. En el farallón solitario, solo, apartado leí poesías oyendo la sinfonía del mar mientras olía el rico olor que salía de la arena caliente tras ser calentada por los rayos del sol. Huelo la savia de un Aloe vera y mis pies descalzos pisan verdinoso césped, bella naturaleza creada por Dios. Tiritón, turiferario, tole, tola tumba, confusión, tirito, llevo el incensario; mis narinas nacieron oliendo ricos olores. Inhalo el aroma de una gota de lluvia fundida en el rocío de una flor.

Brisa sibilina

                                                     A John Milton (1608-1674)                                                       En tus brazos de arenilla y tierra, grava y caracolas partidas, me tienes gentil y dadivoso tolmo saturnino, acariciado por flores silvestres saladas al borde de las aguas salinas. ¿Has tenido compañía y tal vez alguien te holló para solaz o para descanso? Ah, escucha el cadencioso tintín de las olas con tintes de celajes y plata que rompe esta soledad silente con parsimoniosa algarabía, alejada de la multitud inexistente para un corazón sensible y romántico... Y luego dime con pesquis cómo sondear el horizonte lejano bajo un cielo de verano vespertino. Querrás también decirme cuántas veces ...

Ebrio paisaje

Ebria bruma matinal... Los pájaros están yendo hacia el sol, berilo en el horizonte del mar; en fortuita gavia la imagen ominosa del vultuoso rostro con visos de fracasos y esperanzas se refleja, y la aparta rijosa; en el cielo aún hay arreboles y celestes dispuestos a rimar mis pasos con refucilos, danzas y cantos... Brilla la ilusión juvenil, cándida sin limitaciones y sigue rompiendo inconsciente las olas... Linda tarde se desmaya en las aguas doradas y quietas, locas esperan el melifluo beso de los rayos de Selene enamorada de alumbrar. Canción dormida, arrullos cálidos del norte, febrícula de un esporádico amor. La rosa era joven, jamás en mis manos hubo una rubia flor.