Acebo
En el medio del valle verdinoso que declina jovialmente entre ácoros, aromos y ciprés serpentea, desciende, se expande, con recobrado verdor sube inhalando límpido aire, como regio protector, luce el acebo bellísimo, se pierde serena su mirada en la acuarela delicada y fina del cielo celeste... ¿ Tal vez él oye el rumor cristalino y cadencioso de arroyos fragantes que adornan sus pies? Rojos frutos, obscuro haz, claro envés, pétalos blanquecinos, en Otoño ellos florecen, de ámbar a rojo brillante pasan; ¿Cuántas almas diletantes y epícureas admiraron tu belleza, y cuál fue la sensación de las aves peregrinas tras besar tus gráciles cabellos? Esparces sobre el dosel del prado verdoso tus ricos aromas de tiempos milenarios... bella retama no te desmayes hoy, ni se opaque tu luz parnasiana. ¡Crisantemos rojos: Regálenme un beso! a la fresca sombra de los álamos plateados debo leer y escribir poesía; rondan las musas sedientas de amar... Sé que mis suspiros y ayes, y mis solitarios vaniloq...